miércoles 8 de julio de 2009

Libro recomendado: La guerra interminable

Están resultando buenos días para escribir y espero tener más de un relato pronto que poner aquí. De momento recomiendo otro clásico imprescindible (por lo menos en la medida en que se puede afirmar tal cosa) de la ciencia ficción.


LA GUERRA INTERMINABLE

Título: La guerra interminable (The forever war, 1975)
Autor: Joe Haldeman
Género: ciencia ficción, novela
Nota: 8'5/10 ****


De Tropas en el espacio, de Robert Heinlein se ha llegado a decir que es la novela de ficción más polémica de todo el género, a mi parecer una inteligente apología del mundo militar aunque algunos prefieran hablar de simple panfleto fascista. No requiere mayor explicación el gusto que algunas personas sienten por la etiqueta fascista. Quizás parezca extraño reseñar un libro comenzando por hablar de otro pero es que La guerra interminable fue escrita con el propósito declarado de replicar a Heinlein.
Ambos libros sólo comparten la tesis central (un ejército espacial en guerra permanente contra el enemigo alienígena visto por uno de tales soldados) porque sus autores no podrían ser más dispares. Si en Heinlein encontramos a un ex militar con unas nociones científicas más superficiales que su perspicacia psicológica, en Haldeman tenemos a un científico que abomina del mundo burocrático empezando por el aparato militar. Ya desde el principio nos enfrentamos a una guerra muy diferente de la que describía Heinlein, dominada por los procedimientos burocráticos y en la que la mayor parte de las muertes transcurren sin el menor rastro de heroísmo como, por ejemplo, en los accidentes más anodinos. En este punto hay que destacar la formación científica de Haldeman, superior a la de Heinlein, que le concede un mayor realismo. De hecho hay conceptos que son realmente geniales como el problema de la aceleración en entornos de baja gravedad: si queremos movernos con un traje de fuerza en un mundo de escasa gravedad más nos vale controlar nuestros movimientos... No está de más saberlo, así como las lamentables consecuencias de viajar más allá de la velocidad de la luz.
Así mismo, los protagonistas de la novela carecen del espíritu de sacrificio y patriotismo de Heinlein y se resignan como pueden a cumplir las órdenes de un Estado que, incapaz de encontrar remedio para la situación, llega a las situaciones más esperpénticas, incluso interviniendo en la vida sexual de los seres humanos... En medio de tanta anodinidad sólo el amor hace que valga la pena seguir viviendo.
Para terminar de la misma forma que empecé, comparando ambas novelas, diré que Haldeman gana en cuanto se refiere a rigor científico pero carece de la agudeza psicológica de Heinlein, que hace de Tropas del espacio antes una gran novela sobre psicología militar que de ciencia ficción para mi gusto. En cuanto a los contenidos políticos es mejor que el lector juzgue por sí mismo. En lo que sí considero parejas ambas novelas es en el grado de entretenimiento que ofrecen.

viernes 26 de junio de 2009

Libro recomendado: Cita con Rama

Aserrín, asserrán, el verano llegó. Es momento de buscar un buen libro y leerselo con un buen vaso de horchata a mano. Así que ahí va mi recomendación, una de las mejores novelas de ciencia ficción que he leído.


CITA CON RAMA

Título: Cita con Rama (Rendezvous with Rama, 1973)

Autor: Arthur C. Clarke

Género: ciencia ficción

Puntuación: 9,0/10

“Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. La cita más conocida de Arthur C. Clarke explica muy bien aquello que hace de “Cita con Rama” una de las mejores novelas del autor, que es tanto como decir del género. Porque son novelas como “Cita con Rama” o “El fin de la infancia” las que consiguen que lectores veteranos recuperemos ese sentido de la maravilla que el implacable paso de los años (suspiro) desgasta. Así, cuando los astronautas humanos examinen el gigantesco cilindro de metal llegado al sistema solar, lo harán con la misma impaciencia con que el lector leerá una página tras otra, y es que Clarke sabe mantener el suspense y acrecentar el enigma con cada pista dada.

¿Y qué decir del propio enigma oculto en la misteriosa nave? No estropearé la sorpresa de cualquier lector potencial pero puedo anticiparle que la idea es fascinante. Posiblemente nos encontramos ante el artilugio humano más prodigioso del género. Las maravillosas descripciones lo hacen digno de haber sido creado por los mismos dioses pero al mismo tiempo todo tiene una explicación tan racional como maravillosa. El milagro deja de ser una cuestión de fe para convertirse en algo inteligible sin perder su grandiosidad. Sólo maestros como Clarke o Asimov pueden hacer milagros sin recurrir a hechizos, con la simple “magia” de sus cerebros.

Se ha dicho que una de las carencias de Clarke tiene que ver con sus personajes. Es posible que esto sea también algo compartido con Asimov pero no tiene gran importancia. Ambos fueron novelistas “de ideas” y los conceptos de sus novelas hacen que a menudo las preocupaciones particulares de los seres humanos parezcan triviales. No, no busque el lector profundizar en la psicología de los miembros de la tripulación pero tampoco es algo que deba preocuparle. Lo que realmente interesa al lector de “Cita con Rama” es su secreto.

La novela tuvo varias continuaciones y es que no todas las preguntas son respondidas. No he leído las siguientes novelas pero parece que en la segunda Clarke se tomó demasiado en serio la crítica sobre sus personajes y ahondó en ellos en detrimento de su enorme talento como creador de maravillas. Es una lástima, pero que no pierda por ello el lector la oportunidad de volver a sorprenderse como si fuera un niño.

Autor

Arthur C. Clarke nació en 1917 en Minehead, Inglaterra. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue instructor en la aviación. Después de la guerra entró en el King's College de Londres para cursar estudios de física y matemáticas. El gran interés de Clarke por las posibilidades de la ciencia siempre fue muy evidente.

Entre los relatos de su libro Expedición a la Tierra (1953) se encuentra El centinela (The Sentinel), que sirvió de base para su novela posterior 2001: una odisea espacial (1968), llevada al cine por Stanley Kubrick.

Clarke se hizo muy conocido en todo el mundo cuando intervino como comentarista para la CBS en las misiones de las misiones Apolo. En 1980 ganó el premio Hugo de novela con Fuentes del paraíso (The Fountains of Paradise), donde relata la construcción de un ascensor espacial de 36 km. de altura. Es aficionado a la fotografía y la exploración submarina y reside en Sri Lanka desde 1956.

Enlaces:

http://www.tercerafundacion.net/biblioteca/ver/ficha/250

http://tienda.cyberdark.net/cita-con-rama-n11014.html

jueves 11 de junio de 2009

Cornología

Sigo en la línea sarcástica. Esta vez es lo que llamo un "divertimento": un microrrelato casi a vuela pluma para experimentar.



CORNOLOGÍA



Hay un momento en la vida de todo hombre en que éste se pregunta qué ha hecho con su vida y si ha merecido la pena. Ese momento ocurre todos los lunes por la mañana, cuando apenas puedes abrir los párpados lo suficiente para ver la taza de café con la que se supone que tienes que aguantar en pie la mañana y lo que a ti te gustaría de verdad es meterte algo fuerte en el cuerpo y decirle al mundo que le dieran por...


Yo puedo hacerlo. Sí, por favor, envídienme porque yo duermo mientras ustedes se aprietan en un abarrotado vagón de Metro e intentan mantenerse en pie sin apoyarse en los demás pasajeros y menos mirar sus deprimentes rostros. Esto si es que no se encuentran ya en su lugar de trabajo, porque horas después de que se hayan tomado su insulso café matutino yo me levanto y, con toda la tranquilidad del mundo, le doy un buen repaso a alguna de las botellas del mueble bar que se supone que son para los clientes.


Soy detective y mi propio jefe. Pero no se me entusiasmen: yo no soy uno de esos detectives que resuelven asesinatos o encuentran joyas milenarias. Eso son sandeces. Yo investigo adulterios... Los líos de faldas y de pantalones nos dan de comer a los detectives pero busquen en los libros de detectives y no encontrarán nada. Un detective de verdad vive de las debilidades humanas. Donde ustedes ven humanos corrientes yo no veo sino individuos grises y frustrados con uno, dos o incluso tres cuernos sobresaliendo de su testa. Incapaces de embestir a sus enemigos, acuden a mí para que certifique su miseria moral.


Pero es inútil advertirles de la realidad de mi mundo, supongo. Sus ilusas mentes ya están imaginando una oscura oficina con archivadores y una preciosa pero esquiva secretaria... Bien, pues follénsela si quieren. Margarita tiene cincuenta años y sigue soltera. No hace falta ser detective para saber por qué. Las verrugas de su rostro sólo desaparecen en cuanto empieza a largar algún chismorreo envenenado. Era la amiga de mi madre y ahí está como tributo a la mujer que tanto hizo por mí. No fui un buen hijo y ahora debo pagarlo...


¿Acaso les estoy aburriendo? Ya entiendo, acudieron a un detective esperando que confirmase sus absurdas fantasías y ahora les aburre la vida real. Pues muy bien, si quieren dejar de leer es su puto problema, que yo estaba muy a gusto en soledad con mi botella. ¡Por mí, váyanse a tomar por...!

viernes 5 de junio de 2009

Conan el Funcionario

A los que hayan leído alguno de mis relatos de fantasía épica no les sorprenderá mi admiración por Robert E. Howard. Pero esa admiración, ¡por Crom!, no es impedimento para que, por una vez y para variar, prefiera tomarme al maestro (y a sus a veces tópicos imitadores) con un poco de humor friki...


CONAN EL FUNCIONARIO

Conan contó con rapidez a sus contrincantes, apenas unos quince bandidos contra él y su buen servidor el conde Trocero. A sus cuarenta años, el antes mercenario y ahora rey de Aquilonia había sobrevivido a demasiadas emboscadas para preocuparse realmente. Desenvainó ágil como un leopardo y atravesó al primer bandido. Extrajo la hoja ensangrentada y se salpicó con su sangre al decapitar a otro de los enemigos. Con una magnífica finta circular cortó un par de brazos. Pocos minutos después yacían a su alrededor cuerpos y miembros y cabezas amputados por doquier. Por su parte, Trocero había liquidado al resto, si bien el conde de Poitán prefería las elegantes fintas del florete a los poderosos mandoblazos y tajos de su señor.
Pero el cimmerio comprobó con disgusto que se había equivocado, pues otro secuaz se le acercaba, indiferente al destino de sus compañeros, cuando había envainado. Ni siquiera se molestó en sacar la espada de su funda otra vez. Le bastó agarrar con sus poderosas manos a su contrincante para inmovilizarlo. Con un ágil movimiento de muñecas quebró el cuello de aquel desgraciado como si fuera una rama podrida.
Había sido una buena pelea y estaban cansados. Decidieron que aquél era un buen lugar para pasar la noche. A patadas hicieron un hueco entre la casquería del suelo y se sentaron para comer algunas tiras de cecina. No hicieron fuego para no ser descubiertos.
Aunque el cimmerio era como todos los de su raza, introvertido y de humor violento tanto en la melancolía como en sus emociones, el conde Trocero advertía que algo ocurría en la mente de su señor, que extrajo un rollo de pergamino de su bolsa para leerlo con expresión preocupada. Preguntó dos veces antes de que Conan dejara de mirar el pergamino para contestarle.
-¿Qué lees, Conan? Te noto extraño...
-Literatura, pero no un relato cualquiera sino un relato sobre nuestro porvenir.
-¡Jamás hubiera imaginado que te interesara la astrología...!
-Y no me interesan lo más mínimo esas patrañas. Esto es algo serio. Son especulaciones inteligentes sobre lo que está por venir. Yo lo llamo historia ficción. Un futuro espera a los hombres y en ese futuro existen artilugios e ingenios que desbordan nuestra imaginación. ¡Máquinas capaces de moverse por sí mismas! ¡Fundiciones enormes como castillos! ¡Ingenios voladores!
-Me cuesta creer un futuro así, Conan...
Pero el cimmerio ignoró a su compañero. El entusiasmo le desbordaba al hablar de aquel extraño porvenir.
-¡Ah, pero sobre todo es un futuro distinto donde un hombre no vive al límite de su supervivencia! El protagonista de este relato, es un heroico funcionario de correos, por ejemplo...
-¿Funcionario de correos? ¿Y qué se supone que hace un funcionario de correos?
-Un trabajo noble y provechoso como pocos, pues en ese maravilloso futuro los hombres no se comunican a través de pergaminos que llevan los mercenarios con gran riesgo de sus vidas sino por un ingenioso y planificado sistema de mensajería. Su tarea es laboriosa y difícil pues cada carta o paquete necesita ser sellado como garantía del pago de una tasa. Por ejemplo, para una carta común basta un sello de treinta y dos céntimos, pero si tenemos un paquete...
-Eso desborda mi entendimiento. Háblame de matar enemigos, recorrer países extraños, conquistar reinos o luchar contra bestias míticas... Soy un hombre sencillo.
Conan mostró su disconformidad con un gruñido.
-¡Como si hubiera algún interés o provecho en todo ello! ¿Has pensado en lo que supone mi reinado, en que soy algo más que un estratega o guerrero? ¡Yo he gobernado para dotar al reino de Aquilonia de una administración eficiente! ¡He legislado para que los mercaderes no especulen con el precio del grano y he repartido pan en tiempos de hambruna! Tampoco he olvidado las necesidades del espíritu y mi Corte es refugio para artistas y sabios de todo el mundo...
Con sus habituales transformaciones de humor, el cimmerio pareció desinflarse entonces.
-Y sin embargo, a veces me pregunto si los hombres del futuro me recordarán por ello. ¿Hablarán de Conan el Legislador o de Conan el Mecenas o incluso de Conan el Ilustrado? ¡No confío en ello! ¡Hablarán de Conan el Bárbaro o Conan el Destructor o calquier otra majadería parecida!
Conan ocultó el rostro con ambas manos. El que no podía ocultar su asombro era el conde Trocero, que jamás había visto a su señor tan desanimado.
-Mi señor, todos los hombres atravesamos estos abatimientos del espíritu. Pero muy pronto podremos volver a palacio y allí os espera un harén con las más hermosas mujeres de las naciones hiborias para consolaros...
Conan dio un manotazo de desprecio al aire.
-¡Mujeres! ¡Un hombre necesita algo más que un cuerpo hermoso exhalando lujuria para consolarse! En el mundo futuro una mujer no espera a su hombre ataviada con una gasa semitransparente pegada al cuerpo y agitando sus lascivas caderas para obligarle a yacer con ella, sin la menor consideración para un hombre cansado que acude buscando ternura y compartir sus pensamientos.

>> En cambio, en ese mundo mejor que el nuestro ella le espera con un delicioso estofado de fabes de Nordheim o quizás un suculento cocido nemedio. Por la noche habla con él de sus sentimientos y preocupaciones en vez de obligarle a satisfacer su lujuria proponiéndole todas las impudicias imaginables. Por la mañana le despide con un tierno beso mientras le pone su camisa favorita, ella que ha planchado con todo su amor.. ¡Y yo que tantos años viajé de un lugar a otro con un sucio y asqueroso taparrabos de piel de cabra!
Trocero negó con la cabeza, permitiéndose una sonrisa. Aquello desbordaba lo imaginable.
-¡Una comisa planchada y un estofado! ¡Eso es demasiado bueno para nosotros, Conan! No existen mujeres así. Por su naturaleza, la mujer sólo vive para el placer y no entiende las complejas emociones del varón.
-Es cierto, y sin embargo me siento frustrado. ¡¿Es que no soy algo más que un semental capaz de satisfacer a una hembra durante horas?! Ellas no ven en mí más que mi musculoso torso y yo sé que soy mucho más que eso.
>> ¿Habéis escuchado mis versos? ¡En verdad que no estoy a la zaga de los grandes poetas a la hora de rimar el verso alejandrino y el soneto! ¿Quién recordará mis poemas y las melodías que compuse para ellos? Soy tan hábil con el laúd y el oboe como con la espada y sin embargo temo que las generaciones futuras no lo recuerden. ¡Mundo ingrato y estúpido!
Trocero se acercó hasta su señor y amigo. Poniendo una mano sobre el fornido hombro del cimmerio, le habló con voz tranquila pero firme.
-Escuchadme bien, pues os hablo como leal servidor y también como camarada. Esos relatos de mundos maravillosos no son más que invenciones del hombre para evadirse de las dificultades y de la rutina de su existencia. Pero debemos conformarnos con este mundo real y afrontarlo con templanza. Ahora nuestro deber es evitar que Toth Amon se haga con el anillo mágico de Seth y no podemos extraviarnos con fantasías. ¡Sólo los dioses saben qué podría hacer ese mago estigio con su poder!
Conan salió de su abatimiento.
-¡Eres un hombre sabio, Trocero! ¡Olvidémonos de ingenios maravillosos, mujeres sensibles y magnífica burocracia! Todo eso no son más que fantasías. Pero ahora reposemos un par de horas.
Trocero hizo la primera guardia.

jueves 7 de mayo de 2009

El sueño de la ministra

Con la más que comentada polémica de la SGAE he querido escribir sobre el tema ciertamente relacionado de nuestro cine. Nadie sabe bien cuál es el problema del cine español, o todos lo sabemos pero no nos ponemos de acuerdo... Tampoco aspiro a resolverlo y no busco otra cosa que entretenerles.
Agradeceré sus comentarios como siempre.


EL SUEÑO DE LA MINISTRA

La crítica de Nueva York se había rendido sin dificultad y la consideraba la obra cumbre de Almodóvar. Antes había barrido premios en los festivales europeos desde Cannes hasta Mejorana del Campo. Aquella conmovedora historia de amor entre dos guardias civiles, hijos de familia franquista y republicana, se había metido en el bolsillo a la crítica europea, que no dudaba en compararla con el Bergman más maduro. Para la mafía gay de San Francisco era simplemente una obra de culto.

Pero la ministra se aburría. Peor aún, los párpados se le cerraban. Una y otra vez, se llevaba la mano a la boca con la mayor discreción posible y ahogaba un bostezo. ¡Era tan duro a veces ser Ministra de Cultura! Ella hubiera querido que la invitaran a la cuarta entrega de Piratas del Caribe y allí estaba, salvando el cine y la cultura patrias. A su lado sonreía el mismo Almodóvar, ya con el cabello blanco pero tan jovial en el fondo como cuando sujetaba una pancarta en tiempos pasados. Atrás rondaban los periodistas con sus cámaras, observando el menor de sus gestos, que no la película. La ministra, como política que era, podía sentir a los periodistas sin verlos, ansiosos de una exclusiva, si bien intuía que estaban no menos aburridos que ella.
Se llevó la mano a la boca y calló un suspiro sin siquiera poder mirar el reloj. No comprendía muy bien el argumento de la película, así que era una suerte que hubiera leído antes una sinopsis. Ya no podía quedar mucho porque era la escena donde la película alcanzaba su clímax. Juan, un maduro guardia civil interpretado por Javier Bardem, hijo de un oficial republicano, confesaba al fin su amor por Paco, hijo de un oficial franquista, interpretado por Antonio Banderas. Para hacer más difícil su decisión, Juan había sido seducido por una folclórica sevillana que bailaba para los guiris interpretada por Penélope Cruz.
Al fondo sonaba una conocida canción de Perales.

EL AMOR
ES UNA GOTA DE AGUA EN UN CRISTAL
ES UN PASEO LARGO SIN HABLAR
ES UNA FRUTA PARA DOS

Sí, la canción era hermosa pero tan relajante... La ministra sintió que la clara voz de Perales la arrastraba al palacio de Morfeo como un canto de sirena. Pero no, debía ser fuerte. Se pellizcó con disimulo el brazo.

Los ojos de Bardem y Banderas alumbraban la sala de cine con su amor cuando, Con voz queda, Bardem confesaba lo que le quemaba el alma:
-Paco, yo tengo algo que no me puedo callarme por más tiempo porque me duele en el mismo alma. Yo te quiero...
-Eso no puede ser, Juan, tú sabes que no puede ser... Nuestras familias lucharon en bandos diferentes.

EL AMOR
ES UN ESPACIO DONDE NO HAY LUGAR
PARA OTRA COSA QUE NO SEA AMAR
ES ALGO ENTRE TÚ Y YO

Había llegado el momento cumbre, que bien podía valerle a Javier Bardem el tercer oscar a mejor actor principal, el momento en que Juan descubría su amor al mundo.
-Paco, yo te quiero, y cuando dos hombres se quieren ni siquiera el Generalísimo puede separarlos.

EL AMOR ES LLORAR
CUANDO NOS DICE ADIÓS,
EL AMOR ES SOÑAR
OYENDO UNA CANCIÓN,
EL AMOR ES BESAR
PONIENDO EL CORAZÓN

¡Y vaya que sí se besaron poniendo el corazón! No con un beso en la mejilla, ni siquiera un “piquito”. Fue un beso de los de antes, de aquellos con los que Humphry Bogart o Clark Gable daban color al cine y sorbían el alma a hermosas mujeres que se derretían entre sus brazos. Mostachos que se frotaban, tricornios rozándose... ¡Cuántas sutiles metáforas para describir los sentimientos más íntimos entre dos hombres!

EL AMOR ES PARAR
EL TIEMPO EN UN RELOJ,
ES BUSCAR UN LUGAR
DONDE ESCUCHAR TU VOZ

¡Aquello era demasiado para la buena ministra! Se tomó un pequeño descanso. Durante apenas cuatro o cinco segundos cerró los ojos. El instante le pareció una eternidad, una pequeña dosis de droga para superar un momento realmente difícil de la vida. Le supo a gloria y bien podía repetir la experiencia. Dejó en libertad otra vez los párpados y éstos cayeron solos. La música de Perales la embriagó como morfina.

EL AMOR ES CREAR
UN MUNDO ENTRE LOS DOS,
ES PERDONARME TÚ
Y COMPRENDERTE YO...

-¡Ejem...!
Como no bastaran los carraspeos, el secretario de la ministra tuvo que despertarla con un codazo no tan discreto como hubiera querido. La pobre mujer abrió los ojos. Estaban bajando ya los créditos pero la alegría le duró poco cuando comprendió el tremendo error que había cometido. Con la mayor diplomacia se dirigió a Almodóvar:
-Es increíble la enorme sensibilidad de tus películas, Pedro...
-Sí, claro...
Pero, a pesar de su sonrisa, bien la hubiera fulminado Pedro Almodóvar con los ojos. ¡Qué duro era esto de la política! Nuestra ministra se supo caída en desgracia en aquel instante. Las portadas de los diarios del día siguiente con su rostro dormido y la cabeza echada sobre el hombro de un más que incómodo Almodóvar no la sorprendieron porque apenas una hora antes el presidente la había destituido por SMS. ¡Tantos desvelos por salvar la cultura nacional y la recompensaban así!
¡Qué ingrata puede ser la política!

viernes 27 de marzo de 2009

Laro el cántabro

Para acabar marzo un breve relato, casi un divertimento, sobre el guerrero cántabro Laro, que habría combatido para el ejército cartaginés. Aprovecho además para recordar aquellos paisajes del norte tan familiares.


LARO EL CÁNTABRO

¡Cuán cierto es que el oro atrae a los hombres como la miel a las moscas! Mas, aunque compremos sus servicios, su voluntad es voluble y su lealtad se gana sólo con esfuerzo y siempre que haya algo más que avaricia en su empeño. Los cartagineses aprendimos muy duramente esa lección cuando vimos a nuestros antiguos aliados revolverse contra nosotros para ganarse el favor de Roma. Pero por aquel entonces Cartago resurgía del desastre, se alzaba de nuevo con orgullo pese a las humillantes condiciones de Roma, y el oro y la plata fluían en abundancia a la Nueva Cartago que estábamos construyendo en Iberia. Con la misma abundancia llegaban los grupos de mercenarios ansiando alistarse a las órdenes de Aníbal, ¡qué las bendiciones de Baal sean siempre con él!

En gran número desembarcaban las huestes de jinetes númidas. Sí, hombres de Cartago, los mismos númidas que ahora campan por nuestros dominios buscando pillaje, combatían para Aníbal con el servilismo traicionero que le es propio a su raza. Con la misma facilidad que montan a pelo sus caballos y aparecen y desaparecen en sus escaramuzas cambian de aliados. Pero entonces venían para prometernos lealtad, acompañados de los no menos numerosos lanceros libios y moros.

A los africanos se unían los hombres de los muchos pueblos que habitan Iberia y cuyos nombres no puedo recordar, pueblos muy diversos que no comparten entre sí sino un gusto común por la guerra. En Iberia encontramos hombres y recursos para desafiar otra vez a Roma. Del sur y levante llegaban los íberos con sus espadas retorcidas y sus escudos redondos, gentes más o menos civilizadas por el contacto con nuestros antepasados fenicios. También de los montes y mesetas del interior, más inaccesible y menos civilizado, poblado por gentes de lengua céltica.

¡Qué magnífico espectáculo, pues, ver a guerreros de tantos pueblos venir a los alrededores de nuestros cuarteles para ser reclutados! Reunimos un ejército magnífico de hombres valerosos para un líder magnífico y yo tuve mi parte en ello como oficial cartaginés. Cada día llegaban más hombres y yo sólo elegía a los mejores y les prometía oro.

Entre semejante multitud, un grupo atrajo mi atención por su ruda presencia, aun entre bárbaros. Cubiertos con simples túnicas de lana basta y con los cabellos largos sueltos o recogidos con una sencilla cuerda, aquellos hombres se comportaban con ademanes propios de la nobleza pese a su tosquedad. Ignorantes hasta no hacía mucho de cuanto ocurría fuera de sus montañas, observaban todo con altanería y altivez. Me gustaban.

Le pregunté a Ergio, mi colaborador y compañero. Nativo de la próspera región de Iberia de Turdetania, regada por el río Betis, me era especialmente útil por sus conocimientos del país y llevaba muchos años sirviendo a Cártago.

-Esos hombres han venido realmente de tierras lejanas, señor. Son cántabros y habitan la costa septentrional de Iberia, entre las montañas que separan la meseta del océano. Raramente las naves griegas y fenicias han visitado aquellas costas frías y difíciles, por lo que permanecen en la barbarie más absoluta. No beben vino ni tienen moneda. Recogen bellotas para hacer pan y cerveza y no tienen más riqueza que sus rebaños de cabras porque desconocen la agricultura y el comercio.

Sí, era un pueblo bárbaro y salvaje en verdad, pero la verdadera causa de mi interés no era el conocimiento de otros pueblos sino el hombre que acaudillaba a aquella veintena de bárbaros.

Del mismo modo que los pastores reconocen a cada una de sus bestias con su nombre y los mercaderes recuerdan el precio de todas sus mercaderías, un oficial debe recordar los rostros de sus hombres. Mas no merezco el menor mérito por recordar un rostro tan singular como el suyo, el de alguien que muy probablemente hubiera sido rey o general de haber nacido entre gentes más civilizadas. El cabello y la poblada barba eran negros como la pluma de un cuervo. Alto como un oso y cubierto de pieles, era la imagen del mismísimo Melkarto (1), que separó Iberia de África con la fuerza de sus brazos.

Le hice una señal para que se acercará con los suyos. Portaba un pequeño escudo redondo. También un enorme hacha de doble filo, ceñida a la espalda con un tahalí de cuero.

-¿Cuál es tu nombre, guerrero?

Hablaba el griego con mucha dificultad, como tantos otros mercenarios, y su expresión era seria, como si siempre estuviera meditando.

-Mi nombre es Laro, cartaginés.

-Me gustaría verte utilizar ese hacha en nuestro ejército, Laro. Parece demasiado pesada para un hombre, aun sujetándola con ambas manos...

Pero él esgrimió el hacha con una sola mano y me hizo una demostración de la rapidez con que podía utilizarla.

-¡Por Baal, que eres fuerte como un oso! Seguramente puedes talar un árbol con la mayor facilidad...

-¡Árboles! Hay muchos árboles en nuestra tierra pero mi hacha no está hecha para cortar madera sino cabezas.

Había hablado con seriedad pero entonces soltó una carcajada aterradora. Muchas veces volví a escuchar esa risa, que resuena en mis oídos, y ahora que soy un hombre viejo le envidio porque alcanzó la única inmortalidad que puede conseguir un hombre. En la euforia del combate olvidaba su condición mortal y reía a carcajadas. Su hacha cortaba el viento y los cuerpos de los hombres con la misma facilidad. Mientras otros sufríamos la angustia y la incertidumbre de la guerra, para él la guerra no era más que un juego. Carecía de toda malicia y era casto de cuerpo y espíritu, pues entre los suyos se considera la virginidad una gran virtud en un guerrero. Sí, era un niño que jugaba a decapitar hombres, un amante de la madre Astarté (2), amorosa y cruel con sus hijos al mismo tiempo.

Sí, ahora que soy viejo quisiera escuchar la risa brutal e invencible de aquel guerrero singular, del que tantas historias podría contaros...

  1. Melkarto era el equivalente fenicio de Hércules.

  2. Astarté era la diosa fenicia de la guerra.

martes 17 de marzo de 2009

Un pájaro de mal agüero (y la crisis se coló en mi blog)

Este artículo apareció originalmente en OcioZero:
http://ociozero.com/?q=node/2742


UN PÁJARO DE MAL AGÜERO


¿Sorprendió la crisis a todos? No al premio Nobel de Economía de 2008 Paul Krugman, un economista con la rara, y dudosa, virtud de acertar las más nefastas predicciones...


Por un capricho aún por explicar, Alfred Nobel dispuso que las matemáticas no tuvieran cabida en su premio. Resulta tan sorprendente que la única ciencia que trabaja con verdades absolutas haya sido excluida que se habla incluso de un idilio de la esposa de Nobel con un matemático. Otros opinan que, como a tantos nos ha ocurrido, el autor tuvo sus problemas con los números en sus tiempos de escolar... Sea como fuere, el Nobel de Economía se ha convertido en la puerta de atrás al Nobel para muchos matemáticos “reciclados”, y es que los que hemos estudiado Economía sabemos bien que el nivel de abstracción en que se encuentra dicha “ciencia” ralla lo absurdo.

De vez en cuando, sin embargo, se concede el Nobel a algún economista por méritos más interesantes. Tal es el caso de Paul Krugman, premio Nobel de 2008. Sí, Krugman se maneja bien con los números pero mantiene los pies sobre el mundo real y escribe con un estilo claro e incluso brillante. Pero mis motivos trascienden la admiración personal por el economista y la relevancia política de este premio Nobel va más allá de la oposición declarada de Krugman hacia Bush y, en general, de la política económica de los llamados neocons que ha inspirado al Partido Republicano desde los tiempos de Reagan.

Paul Krugman bien podría convertirse en el economista más influyente después de la victoria de Obama porque a los méritos citados se une otro realmente peculiar en un economista: el de hacer predicciones arriesgadas, que otros economistas no se atreven a hacer, y acertar. Al propio Krugman le gusta contar como, invitado a México para dar unas conferencias sobre la economía de este país, se atrevió a exponer un punto de vista muy crítico y hacer predicciones muy poco halagüeñas en un momento (principios de los noventa) en que la economía de ese país crecía de forma espectacular. Los organizadores le advirtieron, educada pero firmemente, que era una predicción arriesgada. Poco después estallaba la llamada Crisis Tequila y se iniciaba una crisis devastadora para el país.

Igualmente acertado se ha demostrado con las crisis de Argentina, de Japón, del Sureste asiático… o con la crisis actual, que para él tiene su origen en la falta de regulación sobre ciertas instituciones financieras, que se habrían dedicado a actuar como bancos aprovechando el vacío legal, y que tendría bastante en común con la crisis de 1929.

La solución para la crisis actual que propone es muy poco convencional pero no olvidemos que Krugman también predijo el limitado éxito que tendrían las políticas tradicionales (como bajar los tipos de interés) y apuesta porque sea el Estado el que tome el relevo del sistema financiero con grandes proyectos de inversión pública…

Se trata justo de las medidas que salvaron a países como Estados Unidos o Alemania de la Gran Depresión y el lector se preguntará qué tiene de novedoso resucitar a Keynes, el gran economista de aquella crisis, setenta años después . Quizás también piense que si la actual crisis se asemeja a aquélla bien podemos aprovecharnos de sus enseñanzas.

Son preguntas sensatas pero Paul Krugman habla de lo que él llama la ideología dominante, un conjunto de ideas que, a fuerza de ser repetidas, se convierten en comúnmente aceptadas. No hay más que ver a tantos periodistas convertidos en economistas simplemente por repetir algunas de esas ideas, que poco tienen que ver con Keynes. Ha llovido mucho desde que el economista británico revolucionara la ciencia económica y pocos economistas creían probable otra crisis como aquélla hace sólo algunos años. Las crisis ocurridas en Japón o el Sureste asiático fueron simplemente catalogadas como producto de culturas corruptas y altamente intervenidas. Después de la crisis del petróleo una generación de economistas aceptó que el mejor remedio contra la crisis es el control de la inflación, el equilibrio presupuestario y el control del tipo de interés. La idea de una crisis global con inflación muy baja (o incluso deflación), crecimiento escaso y tipo de interés al mínimo sencillamente les desconcierta.


Con este panorama la aplicación de un gran programa de gasto público en Estados Unidos que propone Paul Krugman no es nada fácil. El abultado déficit público es otro problema y, aunque parezca absurdo, poner en marcha en Estados Unidos un gran proyecto de obras y servicios públicos es mucho más difícil que utilizar esos fondos para financiar una costosa guerra exterior. George Bush financió una guerra que costó (y costará, porque el pago no ha terminado) bastante más de ochocientos mil millones de dólares pero Barack Obama lo tendrá bastante más difícil si apuesta por emplear una suma parecida en construir infraestructuras (de las que Estados Unidos está necesitado, aunque parezca mentira) o incluso en crear un sistema sanitario público.

Ahora bien, si Krugman está en lo cierto, no sólo valdría la pena ese plan por los enormes beneficios sociales sino que sería el mejor remedio para reactivar la economía de Estados Unidos cuando ni bancos ni empresarios van a hacerlo. La alternativa, advierte Krugman, es seguir el caso japonés y una larga etapa de bajo crecimiento.

Está por ver si Krugman tiene razón, y las dificultades de su plan no son pocas, pero al mismo tiempo me aterra cuando la Unión Europea está apostando por seguir el camino opuesto. Si en Estados Unidos un gran plan de gasto público semejante es difícil, en Europa es sencillamente imposible con un Banco Central completamente independiente y cuyas autoridades, aunque desconcertadas por la ineficacia de sus medidas, prefieren seguir los pasos de Japón y su larga decadencia a probar “herejías” económicas. La crisis podría ser bastante prolongada para los europeos si Krugman tiene razón y los “beneficios” provocados por la moneda común hasta ahora (inflación y burbuja inmobiliaria principalmente) serían sólo un adelanto de lo que habría que venir.

Con este negro panorama me gustaría pensar que Paul Krugman no es más que un pájaro de mal agüero y un profeta barato, que lo ocurrido en Japón no puede pasar aquí y que el BCE es una institución sensata y flexible… Pero luego recuerdo que estamos ante uno de los economistas más brillantes de nuestro tiempo y que no tiene de profeta más que su bíblica fisonomía, que su valía supera a la inmensa mayoría de los que se han licenciado a sí mismos como economistas a base de repetir ideas sencillas que suenen sensatas para el gran público.
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