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martes, 24 de agosto de 2010

El putero que vino de las estrellas



Un relato de humor, por supuesto...


EL PUTERO QUE VINO DE LAS ESTRELLAS

Dedicado a Paul, el más sabio entre los invertebrados.


De verdad, hacértelo con un gmork no es algo agradable. Lo digo por experiencia, si no no estaría escribiendo esto. Nueve poderosas extremidades son demasiadas extremidades para una chica semidecente como yo. Tenía el cuerpo más machado que después de una sesión con el fisio y la piel como un mantel blanco con topos rojos por los chupetones de las ventosas. Había esperado a que todas mis amigas tuviesen un rollo con un extranjero antes que yo y por fin lo había probado. A lo más que había llegado era a chupársela a un nigeriano por unos canutos y me moría de ganas por hacérmelo con alguien de más allá de Alfa Centauro. El sexo con extranjeros es cool o, al menos, es diferente. Además hoy no eres nadie en la uni si no has intercambiado fluidos con un alien (perdón, quería decir extranjero, que sé que no les gusta que les llamen así), así que les demostré a las zorronas de mis amigas (besos, os quiero, guapas) que yo no era una estrecha dejando que aquel visitante de las estrellas me ensanchara los siete agujeros de mi cuerpo. Y no me preguntéis cuáles eran el cuarto, quinto, sexto y séptimo porque ni yo misma había sabido que existían hasta entonces. Además yo no escribo esto por morbo sino para compartir mis sentimientos. Por favor, no me seáis cerdos.


Estaba dolorida después de una noche loca pero el dolor de mis brazos y piernas temblorosas no eran nada comparado con el dolor de mi corazón. Tenía muchas dudas de si había hecho bien. Apenas le conocía. Le había encontrado a la salida de Madrid, en la carretera de La Coruña. Habíamos intercambiado unas pocas palabras:

-Hola, me llamo Ana y soy estudiante de exobiología de veintitrés. El carbono es la base de mi estructura orgánica.

-Hola, yo soy conductor de un carguero intergaláctico y tenemos mucho en común porque también yo me compongo de carbono. Como gmork que soy, jamás podrías pronunciar mi nombre. Ah, procedo de una estrella de la constelación de Sagitario.

-¡Qué guay, yo soy capricornio! Me parece que somos compatibles.

Él se río un poco con los tubos por los que emitía su voz. Yo no sabía qué era eso de la constelación de Sagitario. La astronomía nunca fue lo mío. Pero sigo.

Nos fuimos a un lugar íntimo que había sido un puticlub de los de antes, de cuando los tíos no habían descubierto el placer de las abducciones rectales en la M30, que ahora llaman la carretera profunda. Apenas hablamos durante el polvo. Verle desnudo había sido un poco chocante al principio. La piel verdosa impresiona mucho pero luego se la chupé y era como mascar un chicle de clorofila. No había estado del todo mal. Cuando te lo haces con un gmork la lubricación es cosa hecha porque el alien está viscosillo. Es como tirarse a la piscina en todos los sentidos.

Ahora era de día y yo sufría de arrepentimiento y resaca.

-¿Qué te ocurre, cariño? -me preguntó con su voz melosa.

-Nada -le respondí, porque una chica decente se dejaría arrancar las uñas pintadas con unos alicates antes de contestar a esa pregunta. ¿Cuándo aprenderán los tíos?

En vez de eso esperé algunos minutos para empezar a agobiarle con los reproches:

-Es sólo que no estaba segura. Fue todo tan rápido y somos especies tan diferentes. No sé, es que no sé si esto está bien. Quizás sea antinatura que especies tan diferentes se mezclen...

Hablaba para mí misma porque hablarle a la cara a un alien sin cabeza es complicado e inquietante. Los nueve tentáculos brotaban directamente de una esfera azul verdosa y no dejaban de agitarse. De pronto se me ocurrió que me había tirado a un pulpo. Sí, aquello había sido como hacérselo con Paul, aquel cefalópodo profético con el que España y la humanidad vivieron el cénit de la civilización, los últimos años de gloria antes de que llegaran los aliens y convirtieran la Tierra en un garito intergaláctico. ¿Eso era lo máximo a lo que podía aspirar un terrícola? ¿A hacérselo con un cefálopodo espacial para pagar la carrera? No exagero. Pregunten, hoy es casi imposible encontrar a un universitario, camionero o guardia civil que no haya sido abducido. Es difícil encontrar un empleo que valga la pena. Toda la Tierra era un puticlub de mierda y yo me había dejado follar por un pulpo. Me eché a llorar.

-¿Por qué lloras preciosa?

-¡Mírate, me he dejado follar por un cefalópodo espacial!

-Sin faltar, guapa, que servidor no es un vulgar molusco. ¿Sabes? Tengo sentimientos y vértebras dentro de estos tentáculos.

-Lo siento, pero es que tenía tantas ilusiones... Quería esperar a conocer un chico adecuado y me gasté el dinero de los papis en las dichosas fiestas de la facu.

-Podrías haber trabajado...

-No me jodas más todavía, una cosa es dejarte follar por un pulpo viscoso y que te magree con sus nueve tentáculos y otra despachar hamburguesas en el MacDonalds como hace una desgraciada de mi clase. Una tiene dignidad, ¿sabes?

-Lo sé, no quería enfadarte. La verdad es que he disfrutado mucho.

Me envolvió por la cintura con un tentáculo frío pero amoroso. No era tan mal tipo después de todo aunque me temo que los tíos son todos iguales, hayan nacido en la Tierra o en un planeta de la constelación de Sagitario.

-Entiendo que para los humanos sea duro pero esto es el libre comercio, preciosa. Cada planeta produce aquello para lo que está mejor dotado y vosotros os dedicasteis a cargaros vuestros recursos naturales. Además tenéis la piel tan suavecida y parecéis tan frágiles que dan ganas de abrazaros, mordisquearos y penetraros.

Me reí un poco:

-¿Te gusta mi piel?

-Sí, me encanta. Me haría una cartera con ella porque es tan suave que me pasaría derramando mis flujos seminales todo el día sobre ti, amor mío. Jeje, recuerda quien me decía anoche que era su caballero jedi y pedía más mientras la abducía.

-Eres un encanto. La verdad es que eres muy dulce.

-Gracias. Ah, he confirmado la transferencia a tu cuenta corriente. Espero que tengas suficiente pasta para el resto de la carrera.

-No sé yo...

Tenía mis dudas y con razón. Me gastaría la mitad en ropa en tres mises y follándome a un wookie pero en aquel momento parecía mucha pasta.

Salimos de la cama con tranquilidad. Compadecí a la desgraciada que tuviera que hacer la cama porque parecía un colchón de agua por los dichosos fluidos seminales.


No pasó mucho tiempo antes de que me dejara abducir otra vez. El siguiente extranjero con el que me lo monté fue un wookie pero no fue lo mismo. Para nada. Creía que aquel primo lejano de Chewbacca sería dulce como un osito de peluche pero estuvo gimiendo de forma espantosa mientras me follaba y lo más excitante fue pasar las dos semanas siguientes vomitando bolas de pelo como un gato porque el muy cabrón se empeñó en que le hiciera una mamada.

No, no fue lo mismo. Porque del que jamás puedes olvidarte, ay, es del primero. No tuve valor para buscar a mi amado cefálopodo. Cuando quise hacerlo era demasiado tarde. Para entonces aquel pulpo que se paseaba los jueves y viernes por la carretera de La Coruña había pagado ya la carrera de toda mi promoción. Jamás volví a verle pero algo me había quedado de él. Lo descubrí diecisiete meses después del polvete. Al hacerme un análisis descubrí que mi gastrointeritis era un embarazo. Es difícil encontrar un alien compatible para procrear pero los gmorks son una de esas raras excepciones. Dentro de mí había un pulpito deseando vivir.

La verdad es que no ha sido fácil criar a mi Cthulín. Todavía existen muchos prejuicios contra las uniones interraciales. Para mi padre fue especialmente duro aceptarlo, él, que tanto le gustaba el pulpo a la gallega. Ahora me ayuda, como mi madre, en todo lo que puede. Por la mañana le llevan al acuario y al mediodía le dan su cubo con peces vivos para que se alimente. Ctulhín es un niño tan normal y sano como cualquier otro de su edad. Por eso quiero decirles a todas esas madres que temen que sus pequeños aliens les desgarren el útero y el pecho para abrirse paso a la vida que vale la pena, que se puede sobrellevar y hoy día no es un trauma sobrevivir después de que metan tu cabeza en un frasco de nutrientes. Recordad que el aborto es antinatural y ofende a Dios. Amigas, decidle sí a la vida y poned un alien en vuestras vidas.

domingo, 21 de marzo de 2010

Libro recomendado: El sueño de hierro


EL SUEÑO DE HIERRO

Título: El sueño de hierro (The iron dream)
Autor: Norman Spinrad, 1978
Género: Ciencia Ficción, Ucronía
Editorial AJEC
Nota: 8'5

¿Y si Hitler, considerando que su carrera política no iba a ningún lado, hubiera tomado el camino de muchos otros europeos y emigrado a los Estados Unidos? Una vez allí, quizás hubiera seguido su vocación artística como ilustrador y escritor de ciencia ficción, ¿por qué no...?
Éste es el punto de partida de "El sueño de hierro" pero hay que advertir que no se trata de una biografía alternativa sino de una novela escrita por un Hitler que vive en un mundo muy distinto porque no ha conocido al Führer. Un editor ficticio se encarga de contextualizar la novela y por él sabemos que Hitler hubiera podido ganar nada menos que los premios Hugo o Campbell, los más prestigiosos del género.
Heinlein demostró con su célebre novela "Tropas del espacio" que la ciencia ficción, un género de evasión en principio, puede servir para introducir ideas que en un contexto más realista serían difícilmente aceptables para el lector y Spinrad-Hitler lleva esto un paso más allá. En un mundo devastado por la guerra atómica, Helder es el último reducto de hombres "verdaderos" mientras que el resto lo pueblan mutantes contaminados, metáforas nada inocentes de las razas inferiores, peleles que pueden ser alegremente masacrados por los hombres puros, que curiosamente son siempre arios.
Es una dura parábola del nazismo y el protagonista, Federic Jaggar, un ideal en el que Hitler puede cumplir sus fantasías y escribir una verdadera autobiografía con final feliz... Feliz para la mentalidad de Hitler, se entiende. El conocedor de la historia del Tercer Reich y del nazismo disfrutará especialmente con todas las similitudes con la biografía real de Hitler, aludida en cada situación y personaje, y edulcorada al gusto de Führer con aires de ópera wagneriana.
Es cierto que en algunos momentos la novela puede resultar agotadora pero es que no es fácil ver el mundo a través de los ojos de Hitler e ilusionarse con detallados e impresionantes desfiles o la tan inocente como salvaje escatología bélica que tanto le gusta. Pero vale la pena entrar en la mente de Hitler hasta cierto punto y llegar a un apéndice revelador en el que el editor interviene para poner el broche final.

"El sueño de hierro" es una novela provocadora y ambivalente que consigue lo que parece imposible, pues hay que decir que ha logrado ser obra de culto entre los círculos neonazis de EE.UU. y al mismo tiempo hacer las delicias de los detractores del nazismo. El propio Norman Spinrad, judío para más inri, ha tenido que aclarar cualquier duda. ¿Quién lo hubiera creído posible?


viernes, 16 de octubre de 2009

Ucronía: Pequeña camarada

Otro relato sobre ucronías, esta vez más humorística y, a mi humilde juicio, más original que la anterior. El comunismo ha derrotado finalmente al capitalismo... o no.



PEQUEÑA CAMARADA


Todas las niñas la querían. Todas se paraban en la calle para contemplar su más preciado deseo detrás de un escaparate. La muñeca de Rosa Luxemburgo, el juguete de moda que no podía faltar en la casa de ninguna pequeña proletaria. Reproducción fiel de la heroína popular, con cinco uniformes diferentes, hacía que a las pequeñas proletarias les brillasen los ojos, pero era al hablar cuando hacía que éstas no pudieran contener más las ganas de pedírsela a sus papas. La muñeca podía hacer feliz a cualquier niña diciendo algo como:

-¡Adelante, camaradas proletarias! ¡Luchad con la sección femenina por los derechos de la mujer y del pueblo trabajador!

Ah, y por supuesto incluía en su repertorio la celebérrima frase de la heroína de las niñas:

-¡Más vale morir de pie que vivir de rodillas!

Aquello había sido demasiado para la pequeña Olga, que veía con atención el boletín informativo para la infancia en su televisor. Emocionada, había ido enseguida a tirarle del pantalón a su papá:

-¡Solicítala y rellena el formulario, batiushka [papá]! ¡Yo también quiero ser una buena camarada como mi amiga Raquel, que la tiene!

-Cielo, no hace tanto te compré la muñeca de la Pasionaria…

-¡Pero esa sólo sabe decir que los fascistas deben ser exterminados! ¡Yo quiero ser una buena proletaria! ¡Cómprala, papá, por favor!

-Bueno, quizás el camarada Marx te la traiga este Noviembre si te portas bien…

La niña suspiraba y callaba, confiando en que el camarada Marx la recompensase el Cinco de Noviembre con su deseo. La noche de la jornada gloriosa, la del aniversario del triunfo de la Revolución Bolchevique sobre el zarismo capitalista-judeo-fascista Marx visitaba las casas de los pequeños para recompensar con regalos a los que habían sido buenos camaradas…

Desgraciadamente el padre de Olga no era tan previsor como lo había sido el filósofo alemán. Todos los años se hacía el mismo propósito de enmendarse y hacer las cosas con tiempo pero todos los años se encontraba con que el Cinco de Noviembre estaba a la vuelta de la esquina y no tenía aún los regalos porque no había cumplimentado dentro de plazo los correspondientes formularios. Ahora no le quedaba más alternativa que divagar de un Centro de Almacenamiento y Distribución a otro para que los funcionarios negasen siempre con la cabeza y le dijesen que la ansiada muñeca estaba agotada.

Sí, su labor de funcionario ejecutivo en el departamento de maquinaría agrícola pesada le tenía siempre ocupado, o ésa era la disculpa que se daba a sí mismo. Pero no menos cierto era que un buen camarada debía ser tan buen trabajador como padre.

En fin, ya no tenía remedio el problema. Estaba tan desolado que no hacía más que mirar al brillante suelo del Centro de Almacenamiento y Distribución. Un desconocido le cogió del brazo y le dijo de pronto:

-¡¿Es que no me reconoces, camarada Iván?!

Iván levantó la vista y sonrió:

-¡Privet, camarada Pedro! ¿Qué haces aquí?

-Pues nada, estoy con mis hijos mientras mi mujer se reúne con sus camaradas de sección femenina. Hemos ido a ver una película y estos pequeños camaradas quieren pedirle algo a Marx...

-¡Venga, papá! ¡No está bien hacer esperar al camarada Marx!

Los cuatro -Iván, su amigo Pedro y los dos hijos de éste- siguieron caminando por el centro. Por fin encontraron la cola de niños que aguardaban para pedir su premio. Un individuo disfrazado de Marx, con su barba postiza, puro y su elegante traje negro, escuchaba los deseos de los chavales.

El primer niño de la cola se adelantó unos pasos y alzó el puño mientras le decía, algo intimidado:

-¡Saludos, camarada Marx!

-¡Saludos, pequeño camarada! ¿Has sido bueno este año?

-¡Sí, Marx, he sido bueno! ¡Me dieron una estrella en aritmética y fui héroe escolar del mes en matemáticas!

El presunto Marx sonrió:

-Bien, así me gusta. ¿Y qué es lo que quieres?

-Quiero ese soldado por control remoto de las Brigadas Internacionales, y ese otro de las fuerzas especiales soviéticas de Afganistán, que tiene tanque además, y el videojuego en el que hay que destruir las ciudades capitalistas...

-Son muchas cosas, ¿no crees? Recuerda que debo premiar a todos los buenos camaradas.

Le dio un cariñoso abrazo y enseguida una niña ocupó su lugar.


Cuando por fin los hijos del camarada Pedro pudieron solicitar sus premios, dejaron el Centro de Almacenamiento y Distribución. Fuera, la madrileña Avenida de las Brigadas Internacionales estaba engalanada como siempre para celebrar el Noviembre Glorioso: estrellas doradas colgadas en ristras, iluminando las calles por doquier, tantas como banderas rojas; enormes carteles de los camaradas Marx, Lenin y Stalin; el himno de la Internacional entremezclándose con el himno de Riego y el himno Soviético. En fin, era toda la parafernalia típica del Noviembre Glorioso, que entusiasmaba a los niños pero no a Iván, que tenía otras cosas en mentes mientras le explicaba su problema a su buen camarada.

-¡Joroscho! ¡Deberías habérmelo dicho antes! ¿Es que no recuerdas que ahora trabajo en el Subdepartamento de Distribución de Artículos Lúdicos para la Infancia?

-¡Es verdad! ¿Podrías hacer algo por mí?

-Claro, yo no sería un buen camarada si no. Cuenta con ello.

Iván, sintiéndose mucho más animado, cambió de tema de conversación:

-¿Y qué tal es la película que has visto?

-Bueno, no está mal. Trata sobre agentes trotskistas a sueldo de Estados Unidos. Se infiltran en el avión del Presidente de la URSS para asesinarle pero ya te puedes imaginar el resto...

-Ajá. Escucha, ¿no tendrán hambre tus hijos? -Y señaló la entrada de un Marxburger delante de ellos.

-Jajaja, ¡no será que eres tú quien tiene hambre!

Entraron. El establecimiento estaba lleno a rebosar pero era una tarde especial. Iván cogió un formulario modelo MB-9-1 del mostrador para rellenarlo. Eligió dos menús Happy-Soviets para los pequeños con sus correspondientes Lenincolas. Los adultos prefirieron dos Marxiburgers estándar y dos vodkas, además de patatas fritas con sus sobres de salsa proletaria.

Entregó el formulario a la joven funcionaria de la ventanilla y un rato después saciaron su hambre. Al salir ya era casi de noche y había todavía más gente.

-¿Sabes? Viendo a toda esa gente gastando sus cupones de remuneración pienso si no olvidamos el verdadero sentido de estas fiestas.

-Es cierto. A saber cómo viviríamos si no fuera por el comunismo. Ves todos esos boletines informativos sobre norteamericanos intentando atravesar la frontera de México, el PRI no sabe qué hacer con ellos, y te estremeces. No entiendo cómo puede haber jóvenes que luego se digan capitalistas. Si no fuera por el comunismo... ¿Te imaginas? Sería todo tan diferente. Viviríamos explotados en fábricas por burgueses con chistera, trabajando hasta la muerte.

-Pues sí, y luego nos olvidamos del sentido de estas fiestas. ¡Feliz Glorioso Noviembre y viva la Revolución del Pueblo Unido, camarada! -exclamó Pedro, y le dio un buen apretón de manos a su amigo.

-¡Lo mismo te digo, camarada Pedro!

Se despidieron los buenos amigos y esa noche el camarada Marx dejó un uniforme de pequeña proletaria para la Sección Femenina en casa de Olga. La muñeca de Rosa Luxemburgo llegó algunos días después.

martes, 29 de septiembre de 2009

Libro recomendado: Imperio

IMPERIO


Título: Imperio (Empire, 2006)
Autor: Orson Scott Card
Género: Novela, Ficción política
Nota:8'0
Colección Nova, Cartoné
345 páginas
18€ aprox.


Aunque raramente me basta la breve sinopsis de un dorso del libro para decidirme por su adquisición y lectura, la idea de una guerra civil en los Estados Unidos hoy resultó demasiado atractiva para que pudiera resistirme. Sobre todo cuando desde el exterior se suele tener el concepto de un país muy unido internamente y que Scott Card no comparte. La idea de partida me decidió y también, claro, el nombre de un maestro de la ciencia ficción. El autor de El juego de Ender necesita poca presentación para el amante del género pero quizás éste no sepa que Scott Card es un mormón de opiniones abiertamente conservadoras. Sabiéndose objeto de muchas críticas, ha puesto toda la carne en el asador escribiendo sobre un golpe de Estado por parte de la izquierda en Estados Unidos.

El contenido político es tan evidente que protagoniza el prólogo de la edición española escrito por Miguel Barceló, quien nos recuerda que una novela donde el golpe de Estado fuera promovido por la derecha hubiera sido mejor aceptado. No le falta razón pero está claro que Scott Anderson no consigue mantener una posición centrada. En general, Imperio nos muestra a unos derechistas de mentalidad sencilla y respetuosa con la ley y el sistema frente a izquierdistas bastante más maquiavélicos y rebeldes, aunque el lector no entenderá hasta qué punto hasta concluir la novela. Ni mucho menos me atrevería a descubrir el final pero sí que es bastante interesante y confirma lo que digo...
Política aparte, se esté de acuerdo o no con el autor, no se puede calificar esta novela como panfleto y condenarla sin más. Es entretenida y, guste o no, eso es suficiente mérito para salvar cualquier libro. La trama es interesante y no deja indiferente al lector. Quizás la inclusión de elementos de ciencia ficción está un poco forzada y no era necesario después de que el autor se hubiera mostrado tan competente en un género que no es el suyo como la ficción política. También es cierto que en la última parte se pierde un poco el ritmo, si bien el final lo resuelve con una última vuelta de tuerca. Imperio no es una gran novela como lo es El juego de Ender pero en ningún momento me arrepentí de haber comenzado su lectura.

Incluso, a riesgo de parecer morboso, me hubiera gustado que la guerra civil hubiera ido un poco más lejos aun y corriera la sangre con mayor generosidad... No, no creo en la ciencia ficción como un género para la evasión. Prefiero lo políticamente incorrecto y si no comparto las ideas políticas del autor, sí aplaudo su valor para escribir una novela que es entretenida, digna de leerse, con un interesante final y que toca en fibras políticas muy sensibles. Comprendo que hay gustos para todo pero algunas críticas despiadadas que he encontrado por Internet merecían mi humilde réplica.

lunes, 13 de julio de 2009

Mensajero de muerte

Aunque prefiero la ciencia ficción más reflexiva, esta vez toca un relato de acción espacial. Tengo pensamiento de continuar el relato pero de momento me ha parecido más o menos entretenido para colocarlo en el blog.



MENSAJERO DE MUERTE



Pulsó un botón y tres millones de seres inteligentes dejaron de respirar la atmósfera rica en oxígeno del planeta. Pulsó otra vez el mismo botón y fueron siete millones, al menos según las estimaciones del ordenador de la nave, que no se tomó la molestia de observar porque cada segundo era vital. Había evitado los radares volando a velocidad peligrosamente lenta y debía maximizar los daños contra el enemigo, tanto biológicos -que no humanos, porque los alienígenas no merecían el estatus de personas- como materiales.



Para ello disponía tanto de proyectiles nucleares como térmicos. Los proyectiles nucleares tenían un radio mortal mucho más amplio y dejaban un rastro de muerte radiactiva y duradera. Contra los proyectiles térmicos no había refugio y abrasaban cualquier ser vivo que tuviera la mala fortuna de encontrarse en su radio de acción. Igualmente inutilizaban cualquier circuito, incluso los dispositivos ocultos bajo tierra.


La vista que hubiera podido contemplar volando a menor velocidad era sobrecogedora. Aquí y allá, dejaba atrás un rastro de hongos multicolores emergiendo entre nubes de radioactividad magenta sobre lo que antes habían sido ciudades.


Pero aquello era lo más fácil e incluso podía resultar divertido para pilotos con menos sangre fría. Después de la oleada de destrucción intensa de los primeros minutos llegó la respuesta. A las naves en activo se añadían los pilotos listos para incorporarse al momento desde sus hangares, ocultos en los rincones más insospechados de aquel mundo. La caza había comenzado.


Cada segundo antes de escapar era valioso y Jaime no pensaba escapar antes de completar una incursión admirable. Si no hubiera sido tan extraordinariamente difícil y costoso conseguir un buen piloto y una nave como la suya no hubiera dudado en sacrificar su propia vida como aquello kamikazes japoneses del siglo XX por el bien de la humanidad. ¿Qué podía significar su vida -una sola vida- contra las de millones de enemigos muertos?


Sus perseguidores le acosaban en jauría. Aumentó la velocidad hasta los trescientos kilómetros por segundo. Volaba en zigzag, evitando seguir una trayectoria mínimamente predecible. Por el contrario, su nave volaba de forma premeditadamente aleatoria para evitar los impactos de los proyectiles térmicos, no muy numerosos por el enorme daño que el enemigo se hacía a sí mismo cuando éstos fallaban contra un enemigo que volaba a tan poca altura.


No obstante le esperaba una sorpresa. Una vez más su mente fría fue puesta a prueba cuando varias naves aparecieron frente a él como surgidas de la nada, posiblemente ocultas hasta entonces en algún hangar subterráneo. Eran muchos y ya no dudaban en emplear todo su fuego artillero contra él.


Jaime no era un psicópata que buscara el riesgo por frivolidad pero podía asumir el riesgo cuando era la mejor opción. Y en aquel momento la mejor opción era hacer lo que sus perseguidores menos esperaban: descender en picado hacia el mar. El riesgo era grande porque la nave no había sido diseñada especialmente para ello pero resistió el tremendo impacto de la inmersión en el agua a semejante velocidad. El agua tampoco disminuyó su velocidad lo suficiente para ser alcanzado por las naves guardianas, cuyos proyectiles térmicos explotaron sobre el agua. Tampoco encontró algún obstáculo inesperado contra el que estamparse.


No obstante uno de los proyectiles explotó a apenas treinta kilómetros de Jaime. Si hubiera mirado por la escotilla habría visto el agua del mar convertirse en espumosa gaseosa. De haber sido más frívolo y vanidoso hubiera sonreído triunfal porque un impacto a esa distancia y fuera del agua le hubiera achicharrado sin remedio y fundido los circuitos de la nave, aunque la temperatura a sesenta grados del interior de la nave distaba de ser agradable. Como no celebraba jamás una batalla antes de haberla ganado, ni siquiera prestó atención al sistema de refrigeración automático que llenó de aire frío el interior de la nave. En aquel momento sus sensaciones corporales no podían distraerle. Sus sentidos eran sólo para las pantallas de luces y colores que le proporcionaban toda la información necesaria.


Después de unos doscientos cincuenta kilómetros bajo el agua volvió a emerger entre nubes de vapor tan espesas como un muro de escayola. En la superficie del agua flotaban millones de criaturas marinas muertas, cocidas y ahumadas en segundos. Fue suficiente para escapar de los radares de las naves enemigas que, confundidas por el vapor, no previeron el lugar por el que la nave invasora emergió como un cohete en trayectoria casi vertical y escapó.


Sólo cuando se encontró completamente a salvo y de regreso a la base se permitió comprobar las estimaciones de la computadora. Alrededor de ochocientos millones de bajas estimadas y una destrucción material imposible de calcular habían dejado uno de los planetas más valiosos de los alienígenas seriamente dañado. Todo gracias a un solo hombre. Él. Por un segundo se sintió tan orgulloso como para considerarse un héroe. La satisfacción del trabajo bien hecho no le abandonó en horas.


miércoles, 8 de julio de 2009

Libro recomendado: La guerra interminable

Están resultando buenos días para escribir y espero tener más de un relato pronto que poner aquí. De momento recomiendo otro clásico imprescindible (por lo menos en la medida en que se puede afirmar tal cosa) de la ciencia ficción.


LA GUERRA INTERMINABLE

Título: La guerra interminable (The forever war, 1975)
Autor: Joe Haldeman
Género: ciencia ficción, novela
Nota: 8'5/10 ****


De Tropas en el espacio, de Robert Heinlein se ha llegado a decir que es la novela de ficción más polémica de todo el género, a mi parecer una inteligente apología del mundo militar aunque algunos prefieran hablar de simple panfleto fascista. No requiere mayor explicación el gusto que algunas personas sienten por la etiqueta fascista. Quizás parezca extraño reseñar un libro comenzando por hablar de otro pero es que La guerra interminable fue escrita con el propósito declarado de replicar a Heinlein.
Ambos libros sólo comparten la tesis central (un ejército espacial en guerra permanente contra el enemigo alienígena visto por uno de tales soldados) porque sus autores no podrían ser más dispares. Si en Heinlein encontramos a un ex militar con unas nociones científicas más superficiales que su perspicacia psicológica, en Haldeman tenemos a un científico que abomina del mundo burocrático empezando por el aparato militar. Ya desde el principio nos enfrentamos a una guerra muy diferente de la que describía Heinlein, dominada por los procedimientos burocráticos y en la que la mayor parte de las muertes transcurren sin el menor rastro de heroísmo como, por ejemplo, en los accidentes más anodinos. En este punto hay que destacar la formación científica de Haldeman, superior a la de Heinlein, que le concede un mayor realismo. De hecho hay conceptos que son realmente geniales como el problema de la aceleración en entornos de baja gravedad: si queremos movernos con un traje de fuerza en un mundo de escasa gravedad más nos vale controlar nuestros movimientos... No está de más saberlo, así como las lamentables consecuencias de viajar más allá de la velocidad de la luz.
Así mismo, los protagonistas de la novela carecen del espíritu de sacrificio y patriotismo de Heinlein y se resignan como pueden a cumplir las órdenes de un Estado que, incapaz de encontrar remedio para la situación, llega a las situaciones más esperpénticas, incluso interviniendo en la vida sexual de los seres humanos... En medio de tanta anodinidad sólo el amor hace que valga la pena seguir viviendo.
Para terminar de la misma forma que empecé, comparando ambas novelas, diré que Haldeman gana en cuanto se refiere a rigor científico pero carece de la agudeza psicológica de Heinlein, que hace de Tropas del espacio antes una gran novela sobre psicología militar que de ciencia ficción para mi gusto. En cuanto a los contenidos políticos es mejor que el lector juzgue por sí mismo. En lo que sí considero parejas ambas novelas es en el grado de entretenimiento que ofrecen.

viernes, 26 de junio de 2009

Libro recomendado: Cita con Rama

Aserrín, asserrán, el verano llegó. Es momento de buscar un buen libro y leerselo con un buen vaso de horchata a mano. Así que ahí va mi recomendación, una de las mejores novelas de ciencia ficción que he leído.


CITA CON RAMA

Título: Cita con Rama (Rendezvous with Rama, 1973)

Autor: Arthur C. Clarke

Género: ciencia ficción

Puntuación: 9,0/10

“Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. La cita más conocida de Arthur C. Clarke explica muy bien aquello que hace de “Cita con Rama” una de las mejores novelas del autor, que es tanto como decir del género. Porque son novelas como “Cita con Rama” o “El fin de la infancia” las que consiguen que lectores veteranos recuperemos ese sentido de la maravilla que el implacable paso de los años (suspiro) desgasta. Así, cuando los astronautas humanos examinen el gigantesco cilindro de metal llegado al sistema solar, lo harán con la misma impaciencia con que el lector leerá una página tras otra, y es que Clarke sabe mantener el suspense y acrecentar el enigma con cada pista dada.

¿Y qué decir del propio enigma oculto en la misteriosa nave? No estropearé la sorpresa de cualquier lector potencial pero puedo anticiparle que la idea es fascinante. Posiblemente nos encontramos ante el artilugio humano más prodigioso del género. Las maravillosas descripciones lo hacen digno de haber sido creado por los mismos dioses pero al mismo tiempo todo tiene una explicación tan racional como maravillosa. El milagro deja de ser una cuestión de fe para convertirse en algo inteligible sin perder su grandiosidad. Sólo maestros como Clarke o Asimov pueden hacer milagros sin recurrir a hechizos, con la simple “magia” de sus cerebros.

Se ha dicho que una de las carencias de Clarke tiene que ver con sus personajes. Es posible que esto sea también algo compartido con Asimov pero no tiene gran importancia. Ambos fueron novelistas “de ideas” y los conceptos de sus novelas hacen que a menudo las preocupaciones particulares de los seres humanos parezcan triviales. No, no busque el lector profundizar en la psicología de los miembros de la tripulación pero tampoco es algo que deba preocuparle. Lo que realmente interesa al lector de “Cita con Rama” es su secreto.

La novela tuvo varias continuaciones y es que no todas las preguntas son respondidas. No he leído las siguientes novelas pero parece que en la segunda Clarke se tomó demasiado en serio la crítica sobre sus personajes y ahondó en ellos en detrimento de su enorme talento como creador de maravillas. Es una lástima, pero que no pierda por ello el lector la oportunidad de volver a sorprenderse como si fuera un niño.

Autor

Arthur C. Clarke nació en 1917 en Minehead, Inglaterra. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue instructor en la aviación. Después de la guerra entró en el King's College de Londres para cursar estudios de física y matemáticas. El gran interés de Clarke por las posibilidades de la ciencia siempre fue muy evidente.

Entre los relatos de su libro Expedición a la Tierra (1953) se encuentra El centinela (The Sentinel), que sirvió de base para su novela posterior 2001: una odisea espacial (1968), llevada al cine por Stanley Kubrick.

Clarke se hizo muy conocido en todo el mundo cuando intervino como comentarista para la CBS en las misiones de las misiones Apolo. En 1980 ganó el premio Hugo de novela con Fuentes del paraíso (The Fountains of Paradise), donde relata la construcción de un ascensor espacial de 36 km. de altura. Es aficionado a la fotografía y la exploración submarina y reside en Sri Lanka desde 1956.

Enlaces:

http://www.tercerafundacion.net/biblioteca/ver/ficha/250

http://tienda.cyberdark.net/cita-con-rama-n11014.html

jueves, 19 de febrero de 2009

Horror Dune [opinión]

HORROR DUNE


“Dios creó Dune para poner a prueba a los fieles”, Frank Hebert.

“Dios creó a Frank Herbert para poner a prueba a los lectores”, internauta anónimo.


Tengo algo que decir y no voy a callarme, aún a sabiendas de las posibles reacciones hostiles e incluso de algún potencial enemigo. También espero encontrar alguna opinión a favor. En cualquier caso allá va: Frank Herbert es un mal escritor. Creo escuchar un murmullo pero permítanme los lectores que matice primero (porque no todo es malo, también tiene sus virtudes) y explique después por qué pienso que es un mal escritor. Luego escucharé los comentarios que, críticos o favorables, agradeceré por igual.


Es bien sabido que escribir supone concebir una idea y luego llevarla al papel o editor de textos. Esta distinción suele merecer poca atención no sólo por lo obvio sino también, y sobre todo, porque ambas capacidades van casi siempre parejas y los grandes creadores de ideas son grandes también a la hora de escribir. Pero en los casos excepcionales en que se rompe de forma evidente tal equilibrio la distinción adquiere máxima importancia. Así ocurre, por ejemplo, con el escritor norteamericano Frank Herbert.


No está en mi ánimo poner en duda el mérito, y la genialidad incluso, de ese universo llamado Dune, que consigue ser original y al mismo tiempo un reflejo de nuestra propia realidad. Y es que no pudo ser más fructífera la estancia del periodista en Pakistán, donde se inspiró para crear su propio universo según la complejidad de Oriente Próximo, pues a nadie se le escapa que el petróleo de esta región significa poco menos para nuestro mundo que la especia en el universo de Herbert. Así pues, Dune es un reflejo de algunos de los problemas más relevantes de nuestro tiempo como la escasez de los recursos naturales, los movimientos religiosos o la pomposamente llamada estrategia geopolítica. Todo ello en un mundo de paisajes sugerentes donde habita una de las especies más formidables del bestiario de la ciencia ficción.

La creación de este universo merece toda mi admiración pero no puedo decir lo mismo de la capacidad de Herbert como escritor, que nunca habría pasado de ser un autor de segunda o tercera fila sin Dune, y no puedo dejar de preguntarme, con bastante frustración, cuánto hubiera podido dar de sí ese universo en manos de un escritor mucho más competente.

Imagine el lector qué hubiera ocurrido si Tolkien nunca hubiera llegado a escribir El señor de los anillos y nunca hubiera dado forma a los numerosos apuntes y borradores que precedieron a la escritura de la novela capital del género. Imagine el lector si ese copioso legajo de papeles hubiera acabado en manos de un escritor mediocre y éste hubiera asumido el papel del maestro. Sí, es probable que ESDLA hubiera sido una novela a tener en cuenta pese a todo (muy incompetente tendría que haber sido para arruinar la idea), pero no sería lo mismo, como tampoco la Edad Hiboria de Howard ha sido escrita con tanta brillantez por otros escritores.


La primera de las grandes carencias de Herbert es, sin duda, su carencia de ritmo narrativo. Sus novelas son siempre lentas y la acción es administrada con cuenta gotas. No espere el lector grandes descripciones bélicas ni escenas trepidantes en general. Las novelas de Herbert parecen más bien obras de teatro noveladas en las que a menudo transcurren cien o doscientas páginas sin que ocurra nada relevante para que el autor recuerde que no puede prolongar la novela indefinidamente y se desencadenen los acontecimientos con precipitación para darle fin. Uno de los peores errores que puede cometer un escritor.

La falta de dinamismo es la primera dificultad a la hora de leer a Herbert pero tampoco se da mucha más maña a la hora de dar vida a sus personajes, a los que pretende dar un carácter arquetípico como los de los dramas de Shakespeare. Así pues, podemos reconocer en Paul al líder virtuoso, en Idaho al amigo y servidor fiel, en el barón Harkonen la crueldad, etcétera. El resultado son personajes artificiosos y carentes de naturalidad y, consecuencia inevitable, algunos de los diálogos más espantosos que haya dado la literatura. Herbert pretende convertir a sus protagonistas en personajes de tragedia griega poniéndoles en la boca frases que pretenden sonar profundas y que resuenan vacías y aburridas, por no hablar de lo cansino que es leer continuas descripciones sobre el tono de voz y la expresión facial que utilizan los personajes para decir cada frase.

Para no prolongar este examen de las carencias de Herbert, diré una sola palabra que las resume todas ellas: aburrimiento. No podría ser de otra forma cuando sus novelas siguen siempre el mismo esquema. En las novelas de Herbert los personajes no hacen cosas sino que hablan sobre cosas que pasan.

Todas estas carencias están presentes ya en el libro original que comenzó la serie pero se agravan a medida que avanzamos en la saga. “Dune” es rescatable e incluso digno de un notable si somos generosos, pero los libros siguientes degeneran de forma escandalosa. No soy amigo de cuantificar la literatura porque el arte es cualitativo y debe ser descrito y expresado antes que numerado, pero aun así, si tuviera que valorar y representar en una gráfica esta saga, no tendría más que dibujar una línea recta descendente que iría desde lo que en mis tiempos de estudiante llamaba un notable “raspado” hasta el deficiente. Los últimos libros de la saga trascienden lo aburrido para alcanzar lo insufrible, un esfuerzo bochornoso de resultado lamentable de Herbert por hacer una saga a cualquier costa. Pocos escritores han resistido la tentación de continuar una idea que sabían que no podía dar más de sí y continuar de forma digna, muy pocos han sacrificado la oportunidad de vender más libros para mantener su calidad literaria. Frank Herbert no está entre esos pocos, que incluso dejó que su novela original sirviera para crear una de las películas más espantosas (visualmente hablando) de la historia del cine y que emborrona el universo de Dune al evocar en el lector tan horrorosas imágenes... Sí, ese espantoso fotograma de Sting con calzoncillos futuristas que ilustra mi artículo tiene su origen en el delirio cinematográfico de David Lynch.


No puedo dejar de hacer algún comentario en cuanto a las nuevas secuelas de Dune aunque me cueste más comentarios negativos. Porque la trilogía de las casas no es tan mala como pueda esperarse según las novelas precedentes. Es posible que Brian Herbert haya cometido muchos errores al recrear el universo de su padre –no soy un experto en Dune para opinar sobre ello- pero es entretenida, algo que Frank Herbert nunca consiguió. La utilización de múltiples líneas narrativas resulta acertada y muy grata para el lector.

Repito que esta opinión se refiere a la trilogía de las casas. En cuanto a las nuevas dos trilogías es curioso que partiendo de una base mucho más interesante (la guerra contra las máquinas) el resultado sea tan pobre en comparación. Brian Herbert se demuestra en ellas digno sucesor de su padre y el empeño en escribir libros a destajo pasa factura, resultando insulsos y aburridos. Dudo mucho que lea la continuación de “Cazadores de Dune”. Existen libros mucho mejores que leer, lector, créeme.

No, no puedo considerar a Frank Herbert uno de los grandes del género. Pese a su popularidad y pese a su legión de admiradores, Herbert es un autor menor y que sólo merece un puesto de segundón por haber tenido una idea genial y crear un universo muy interesante. Pero Dune le queda demasiado grande y las posibilidades de ese universo con todos los personajes, criaturas y complejidad que contiene fueron más allá de sus limitadas capacidades como escritor.

Y es que a veces, por alguna extraña razón, las musas también se equivocan y eligen un amante equivocado al que inspirar.

Y sí, ahora sí es el momento de que el lector decida si comparte mi opinión o no.

martes, 20 de enero de 2009

Libro recomendado: El Imperio contra Dios

Y para empezar el año me parece que un buen libro es la mejor manera. Esta vez se trata de un autor español, Andrés Díaz, al que tuve la suerte de conocer personalmente en la Feria del Libro y luego en la presentación de este libro. Para mí se trata de uno de los autores españoles más interesantes de la llamada literatura "de género", una referencia para la fantasía heroica actual ("El camino del acero" es lo mejor que había leído de fantasía en mucho tiempo) y ahora también para ese subgénero de la ciencia ficción que es la space opera.

Esta reseña fue publicada originalmente en OcioJoven:
http://www.ociojoven.com/article/articleview/995186/1/249/el-imperio-contra-dios.html



EL IMPERIO CONTRA DIOS

Título: El Imperio contra Dios
Género: Ciencia Ficción, Space Opera
Autor: Andrés Díaz
Nota: 8,5/10

Habiendo tenido la suerte de asistir a la presentación de esta novela, no dejé de pensar en que el autor era tremendamente ambicioso. Cambiar la fantasía por la ciencia ficción es una decisión importante, aunque se trate de la space opera, ese subgénero que viene a tender un puente entre ambos mundos. Más ambicioso aún es crear un universo enteramente nuevo y vencer nuestro natural antropocentrismo poblándolo de alienígenas. Una tarea imposible sin una gran capacidad tan creativa como descriptiva. Las especies alienígenas son fascinantes, no sólo por su originalidad anatómica sino porque cada una tiene su forma de entender la vida y se trasciende así el fantasioso pero superficial bestiario de Star Wars. Pacíficos o belicistas, abiertos o fanáticos, cada especie de ese universo refleja algún aspecto de los seres humanos y se consigue que nos sintamos tan fascinados por las diferencias como por las semejanzas entre ellos y nosotros. Uracsanos y dauares -las especies más poderosas- defienden dos modos de vida opuestos: el Imperio, individualista y abierto, frente a la autocracia y fanatismo del Enjambre.

Esta genial ambientación es el gran punto a favor de la novela, pero también los combates -espaciales o cuerpo a cuerpo- merecen un comentario por lo vívidas que resultan las descripciones. El autor se siente igualmente a gusto con las ráfagas de láser como con las luchas a espada.

Con este escenario tan atractivo y tantas posibilidades para entretener y también conmover al lector, quizás sea la propia estructura del libro el aspecto menos afortunado. La novela se encuentra estructurada en tres partes tan diferentes que casi puede hablarse de tres novelas cortas alrededor de una trama común. La primera parte es, ante todo, una novela de acción. Al principio el lector se siente algo aturdido, directamente arrojado a aventuras trepidantes. No hay presentaciones y eso hace difícil identificarse con unos protagonistas que apenas son nombres. Por fortuna el dominio del autor de la acción del que he hablado antes impide que el lector se aburra en ningún momento. Pero se echa en falta profundizar un poco más en los personajes y entonces llega una segunda parte muy distinta donde, con la guerra como eje central, se profundiza en los dramas y conflictos de quienes la rodean. Finalmente tenemos una tercera parte donde penetramos en los secretos del Enjambre... Sin duda es la parte más sobresaliente del libro.

El problema es que el libro queda algo "compartimentado". Hubiera ganado mucho entretejiendo las historias de ambos protagonistas, Ocram y Lupar, pues al fin y al cabo son personajes paralelos no sólo en lo cronológico sino también en su alto sentido moral.

¿Hubiera sido una gran novela coral? Yo creo que sí, pero también creo que estamos ante una gran novela, entretenida y fascinante, con un universo tan bien creado que deja abiertas muchas posibilidades. No decepcionará a aquellos que disfrutamos sus novelas anteriores como tampoco a los que busquen una buena novela de acción de fantasía y ciencia ficción.
Andrés Díez, howard, espada y brujería
Autor

Nacido en Madrid en 1973, Andrés Díaz Sánchez ha escrito numerosas historias de género fantástico para diferentes publicaciones. Es coeditor de la revista Sangre y Acero y editor del volumen de relatos Mercenarios del Infierno. También participó como guionista en el cómic El Espartano (2004, aleta Ediciones). En 2003 publicó Los guerreros sin rostro, su primera novela protagonizada por el mercenario y aventurero Skarrion Gunthar, a la que siguió la novela, también protagonizada por Skarrion, "La maza sagrada" en 2006. En 2007 publica "El camino del acero" y su, de momento, última novela "El Imperio contra Dios".

Edición

Ed. Transversal
Rústica con solapas
22€ aprox.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Libro recomendado: El hacedor de estrellas

Como Navidad es otro de esos momentos que la gente suele aprovechar para leer o regalar libros, aquí reseño un libro singular como pocos en la ciencia ficción. Se trata de un libro extraño, alucinante, místico, excesivo para algunos pero sorprendente para muchos, entre los que me incluyo.
Esta reseña la escribí para Ociojoven:
http://www.ociojoven.com/article/articleview/996522/El%20hacedor%20de%20estrellas


EL HACEDOR DE ESTRELLAS


Título: El hacedor de estrellas
Autor: Olaf Stapledon
Género: Ciencia ficción, novela
Valoración: 9,0/10

El hilo narrativo es mínimo: en una noche estrellada el protagonista realiza el más extraño de los viajes astrales para descubrir los misterios del universo, desde su principio hasta el final. Stapledon se propone responder a esas preguntas que todos los que hemos sentido alguna vez el vértigo del infinito nos hemos hecho y construye una cosmogonía alucinante, una historia del Universo desde su principio hasta su final. Las civilizaciones extraterrestres son un prodigio de creatividad y, a pesar de las enormes diferencias, descubrimos que sus preocupaciones son comunes: el conflicto entre el grupo y el individuo, entre lo cotidiano y lo místico, entre la riqueza de la variedad y el miedo a la diferencia... Por contradictorio que parezca, es una novela en la que su contexto histórico fue decisivo (la Europa de preguerras de la tensión entre comunistas, fascistas y liberales) pero es intemporal como pocas.

Como es fácil deducir -y como advierte Borges en el prólogo-, Stapledon tenía una vasta cultura filosófica y unas grandes inquietudes místicas. Al final el interrogante último es el lugar y la naturaleza de Dios en un Universo aleatorio donde las leyes naturales son implacables, dominado por la angustia de miles de especies inteligentes.
Claro que, todo hay que decirlo, la mística singularidad del libro es tanto su virtud como su mayor inconveniente. A muchos lectores resultará demasiado extraño e incluso cargante tanta filosofía para tan poca trama. Lo que para unos es un derroche de imaginación pocas veces vista para otros resultará un exceso...

Pero si tú, lector, eres un soñador como yo y sientes el mismo vértigo ante el infinito, si no puedes dejar tampoco de preguntarte quiénes somos y adónde vamos, si sientes esa mística inquietud que muchos no comprenden... entonces quizás sea éste tu libro.

Autor
Inglaterra (1886-1950). Tras pasar unos años en Egipto por negocios familiares, se educó en Oxford, licenciándose en Historia Moderna en 1909 y obteniendo un master en 1913. En 1925 se doctoró en Filosofía en la Universidad de Liverpool, donde ejerció de profesor. Trabajó por la paz y contra el apartheid, participando en diversos foros.

Sus obras abarcan campos como la filosofía, ciencias sociales y poesía, si bien es conocido por la ciencia ficción. Se caracterizan por su contenido altamente filosófico y poco técnico.

domingo, 14 de septiembre de 2008

La anciana memoria

Esta vez traigo uno de mis primeros relatos. Por eso mismo le tengo más cariño... aunque visto en perspectiva sé que es mejorable. Espero que el tema resulte interesante.



LA ANCIANA MEMORIA

La comunidad entera cuidaba de la anciana como su más preciado tesoro, y yo era su tesorero, el elegido como principal responsable de ese cuidado. Yo debía conservar su salud y desde el principio sentí hacia ella una responsabilidad y una preocupación que no había concedido a ningún otro de mis pacientes, y creo que no soy un profesional negligente o poco atento, pero es que me abrumaba lo que significaba para todos aquella buena mujer. Mi relación con ella a lo largo de casi diez años sólo hizo crecer ese sentimiento de responsabilidad.

Pero ahora, por mucho que me desvelara y sintiera la presión sobre mí, yo no podía hacer apenas nada, porque la vejez es una enfermedad crónica que sólo acaba con la muerte. Su salud se deterioraba con rapidez. Muy pronto nos dejaría y un trozo de Historia moriría con ella, la última de los Fundadores, los hombres y mujeres que habían nacido en un mundo anterior que ahora nosotros llamamos antiguo. ¿Dónde estaba ese mundo? Sólo ella lo sabía y moriría con su secreto, comprometida por el juramento más estricto.

Hasta no hacía mucho, acaso algunos meses atrás, los niños olvidaban sus juegos para escuchar a la anciana hablar de un mundo lejano y perdido que en nada se parecía a nuestro planeta Iseria o a los que más tarde hemos colonizado. También los adultos nos dejábamos atrapar por esas historias ya oídas en la infancia. Yo mismo la escuchaba fascinado y con el mismo interés que los niños.

Aquel mundo había sido un paraíso que sus habitantes no supieron valorar hasta el final, cuando empezaba a arruinarse y estaba todo perdido. Entonces el Mal se había apoderado irremediablemente de él y algunos de sus habitantes lo abandonaron. Era el eterno mito del paraíso perdido, que había conocido en mis lecturas sobre el mundo antiguo. El Edén, la Atlántida, la Tierra Prometida... el hombre vivía en el paraíso y siempre lo perdía por su estupidez.

Pero la anciana no contaba un mito. Era real y por ello mucho más poderosa la historia de los exiliados que abandonaran su mundo para escapar a las estrellas. Ella era la última de esos exiliados y apenas recordaba ese mundo que había dejado con seis años de edad. No importaba: las leyendas ganan autoridad y saben mejor en la boca de los ancianos, y ella era además una de las heroínas del mito.

¡Qué triste final era ése! Aquel mundo era un paraíso real y el lugar mejor que los hombres siempre añoran en sus corazones aunque sólo lo hayan soñado y no visto. Yo mismo lo he añorado sin conocerlo. ¿Puede existir algo más hermoso que un cielo celeste y luminoso y pasear bajo él, confiado y sin temor a las radiaciones, una atmósfera venenosa o las terribles tempestades? El clima era suave y la vida afloraba hasta en las regiones relativamente hostiles. El agua abundaba, llegando a acumularse en enormes masas llamadas océanos, y a poco que hubiera algo de humedad la tierra se cubría de un verdor espontáneo. ¡Qué maravilloso debía ser!, pensaba.

Los humanos se hicieron muy numerosos y se expandieron por toda la tierra, creando grandes ciudades o diminutas aldeas, aunque con los años hubo menos espacio para todos. Esta forma de desparramarse por el planeta no era la única ni la más caprichosa de sus costumbres porque la vida era despreocupada y excéntrica entonces. Sus gentes vivían en la abundancia y no sabían apreciarlo como debieran.

Era tan maravilloso que no podría imaginarse ni creerse sin toda la documentación que habíamos conservado. Quedan los vídeos y los libros, e incluso así no acabamos de poder imaginarlo los más incrédulos.

¿Cómo pudieron perderlo? De qué se trataba ese misterioso e inquietante Mal, así, en mayúsculas, sólo la anciana podía saberlo. Había pensado en ello muchas veces. Quizás se tratara de una mala gestión de los recursos o, más probablemente, de una catástrofe, como el impacto de un meteorito.

Nunca tendría respuesta porque pertenecía a la anciana y había jurado no revelarlo. Mi ciencia era la de la medicina y lo que sí puedo saber es cuándo nada me queda por hacer.

- Háblame con franqueza – me pidió la anciana.

- Quedan meses... más probablemente días – le respondí. No me gusta ser duro pero con la experiencia he aprendido que los enfermos prefieren la cruda sinceridad a la delicada mentira. Además percibía que ella se había resignado ya a dejarnos. Sabiduría de anciana.

-Seré la última entonces –dijo, y la dejé dormir.

También yo me decidí a darme un descanso, pero no podía conciliar el sueño con la misma facilidad. Quería saber lo que ella sabía. Era un deseo pueril e irrespetuoso pero quería arrebatarle su secreto y saber qué era el Mal y dónde estaba su mundo.

Al día siguiente me sentí irritado y con sueño mientras le hacía otro análisis. Ella dormía y yo la miraba ansioso, sin prestar apenas atención a la sangre extraída en la jeringuilla. Despertó y encontró mis ojos serios sobre ella.

-¿Por qué me miras así? ¿Qué ocurre, hijo?

-Quiero saber... –le dije muy vacilante.

-¿Qué quieres saber?

-Todo. Quiero saber por qué ya no vivimos en ese mundo tan maravilloso y qué fue de él. Me lo he preguntado tanto... –Le hablaba casi suplicando.

Su rostro normalmente dulce se crispó.

-Eso no puedes saberlo. Jamás me lo preguntes.

-¡Pero yo quiero saberlo! ¡Todos deberíamos conocer la verdad! –dije furioso. Aún me avergüenzo de ese arrebato de mal genio. Luego me volví e iba a marcharme. Ella me detuvo.

-¿Realmente quieres saberlo tanto como dices? Podría no gustarte todo lo que te diga. Vosotros no sabéis cómo era realmente ese mundo.

Se interrumpió para meditar unos segundos. Luego siguió hablando como si estuviera sola, sin mirarme.

- ¿Y si te dijera que ese paraíso no existió jamás? Recordamos los tiempos pasados y seleccionamos las cosas buenas para que nos parezcan mejores de lo que realmente fueron. Todos los libros y vídeos que hemos conservado no hablan más que de lo bueno que hubo en ese mundo... y fueron muchas más las cosas malas.

>> Algo recuerdo de ese mundo, no mucho, pero te diré que no era tan fabuloso. Recuerdo... Recuerdo ciudades interminables, calles atestadas de gente, los mayores callándonos siempre a los niños para oír noticias de guerras y racionamientos... Conflicto y caos: así era el mundo. Los hombres vivían locos e infelices y sólo se les ocurría entregarse a fantasías colectivas o a intereses particulares y mezquinos. Y no es fácil decir quiénes eran peores por qué siempre buscaban la ocasión de discutir y luchar entre ellos.

>>¿Qué sabéis vosotros de la historia? Yo no aprendí mucho pero te diré que ese mundo tan verde que adoras fue regado con sangre. Los unos esclavizaban a los otros si es que no preferían masacrarlos. Cada cuál trataba de tener sus privilegios sobre los demás y todos eran diferentes en ese mundo injusto. Sólo creían que serían felices estando por encima de los otros...

>>Vivían para su presente y no para el futuro de sus hijos, y envenenaron y arruinaron la tierra hasta dejarla irreconocible. Sí, me miras con sorpresa y piensas en los vídeos y fotos de hermosos paisajes y luminosos océanos, pero yo nunca vi nada de eso porque todo había sido filmado hacía mucho, en los siglos XX o XXI.

>>La humanidad, al menos los que queda de ella, sólo ha sido feliz y libre aquí. Estuvimos unidos mientras colonizábamos el planeta y te diré que esos años fueron muchos más felices que mi triste infancia en el antiguo mundo. Había solidaridad entre todos y orden. Hemos creado una sociedad justa y que se administra con prudencia. Tardamos muy poco en olvidar nuestras penas y nos pareció tan horrible el mundo abandonado que destruimos todo lo que podía recordar sus males, porque no hubo un Mal sino muchos, y ya no se aprendió más la verdadera Historia: la de las guerras y los tiranos.

>>Jamás volváis allí. No sé si continuará habitado pero es un mundo podrido. Dejadlo y haced uno mejor...

La mujer había hablado con ansia, como queriendo contar un secreto muy reprimido y guardado. Ahora lloraba ligeramente por el recuerdo y por traicionar su juramento. Me sentí conmovido. Ella miraba a la pared y no pudo ver cómo yo también dejaba resbalar una lágrima. Finalmente el paraíso no había existido jamás.

La dejé y fui al laboratorio. Estaba allí una de las pocas ventanas del hospital y contemplé el sempiterno cielo negro con tristeza. Nunca había salido al exterior. Sin oxígeno y a cincuenta o setenta grados bajo cero no puede apetecer a nadie. Miré las estrellas. ¿Cuál de ellas sería el misterioso Sol? El mundo antiguo seguiría girando a su alrededor.

¿Había sido un mundo infeliz? Sí, habíamos hecho mucho, y seguramente habíamos conseguido un nuevo mundo mejor que el antiguo. Pero, aun así, pensé que un cielo azul tiene que ser algo demasiado maravilloso para no añorarlo...

miércoles, 13 de agosto de 2008

Libro recomendado: El fin de la infancia

Raramente la literatura de ciencia ficción, género olvidado, es noticia. Por desgracia lo fue este mismo año para enterarnos de la muerte de Arthur Clarke, uno de los grandes de la llamada Edad de Oro de la ciencia ficción. Aunque casi todos le recuerdan por su colaboración con Kubrick en "2001: odisea en el espacio", su labor literaria es imprescindible para todo el que quiera adentrarse en el género.
Pero honrar a un maestro no es el único motivo por el que recomiendo la lectura de "El fin de la infancia", uno de los libros más perturbadores del género...

Esta reseña apareció en OcioJoven:
http://ociojoven.com/article/articleview/984861/El%20fin%20de%20la%20infancia


EL FIN DE LA INFANCIA

Título: El fin de la infancia (1953)
Autor: Arthur C. Clarke
Género: ciencia ficción
Puntuación: 9/10
Arthur C. Clarke era una asignatura pendiente para mí, una asignatura obligada para cualquier amante de la ciencia ficción. Después de terminar esta novela, mi primer acercamiento, puedo decir que "El fin de la infancia" es una de esas novelas que bastan para que un autor sea recordado, una novela que me enganchó de principio a fin.
¿Por qué? Para empezar, porque el autor dosifica muy bien el misterio para que el interés no decaiga en ningún momento. El lector ansía saber más y lo cierto es que no le queda más remedio que seguir leyendo, pues detrás de cada enigma resuelto aparece un enigma aún más indescifrable. Le aconsejo al lector que tenga paciencia porque merece la pena continuar la lectura hasta un final del que sólo voy a adelantarle que no será capaz de imaginarlo. A Clarke le sobra la imaginación y lo demuestra retando al lector a un desafío en el que éste lo tendrá casi imposible para anticiparse.
Además estamos ante un libro que no deja indiferente sino que resulta de lo más inquietante. No es para menos, porque "El fin de la infancia" es la más perfecta y extraña de las utopías, tan perfecta que acaba siendo perturbadora, a medida que parece que los seres humanos han dejado de ser dueños de su destino y ni siquiera saben adónde van. Esa impotencia de la humanidad para decidir resulta angustiosa, a pesar de que sea para su propio bien.
El estilo es bastante ágil y, como ya he comentado, el suspense se mantiene hasta un final desconcertante y terriblemente extraño. Esto mismo puede hacer que resulte excesivo para algunos pero, en fin, también creo que si hay algo destacable en el perfil medio del lector de ciencia ficción es su imaginación.
"El fin de la infancia" es el principio de un camino que ni la humanidad ni el propio lector sabrán adónde conduce hasta el inimaginable final. Sorpresa tras sorpresa, la novela mantiene el suspense como pocas y acaba perturbando como muchas menos aún lo consiguen.

Por estas razones coloco esta novela entre las obras más fascinantes del género y cuya lectura me ha sido más cautivadora. Son razones suficientes para recomendarla al lector. Creo que si éste es suficientemente imaginativo, esta novela no le dejará indiferente.
Por último, sólo me queda decir que lo leí prácticamente en un día...
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